Es igual de apasionado lo tinto y lo colorado
Cuatro.
"No hay que dejar que las buenas ideas se queden metidas en los cajones". Tengo como quinientos cajones llenos de ideas, entre los perceptibles y los figurados. Buenas seguramente no sean la mayoría, pero por estadística intuyo que tiene que haber alguna. Hasta ahora, personalmente no me he aplicado esta enseñanza. Este año he abierto los cajones... espero que el torrente de materia escondida no me ahogue, suerte que estoy en Bellas Artes, ese curso de Natación en el Océano de la Idea.
En esta parte me dispongo a desarrollar una pequeña teoría sobre la definición de color. Espero que no quede excesivamente recargado de información y que mi intento por emplear una expresión mínimamente científica no lo convierta en un lío incomprensible de sintaxis imposibles:
Partamos de que la inestabilidad del color es un principio ampliamente reconocido. Hay demasiados factores influyentes en lo que resulta definirse como color ("Sensación producida por los rayos luminosos que impresionan los órganos visuales y que depende de la longitud de onda" según el DRAE). Según esta acepción, el color se queda en el nivel sensorial. No está mal interpretado, pero podemos considerarlo desde distintos puntos de vista según nos acerquemos o nos alejemos del color como un hecho subjetivo. Para explicar bien esta concepción voy a establecer cinco "grados de subjetividad":
-1er grado: es el de máxima objetividad, el plano de la realidad, en el que encontramos mayor dificultad para hallar diferencias en su interpretación de un sujeto a otro. Diríamos, en el caso del color, que se trata de las configuraciones atómicas o moleculares de los cuerpos, de la disposición de la materia, el comportamiento de los fotones... todo a escala microscópica y entendido desde un ideal físico; y todavía sin tener en cuenta al sujeto perceptor. Podemos afirmar que, idealmente, cada color sería el mismo para todos los seres en cualquier circunstancia, ya que no depende de ellos ni determinan de ningún modo su condición de color en este primer grado.
-2º grado: es el de la objetividad mesurable, el color se definiría simplemente como "conjunto de longitudes de onda que un cuerpo refleja cuando la luz incide en él". Aún no entra el observador, salvo porque nos encontramos ante una magnitud que podemos medir con un colorímetro (y registrarlo, por ejemplo en la tabla Pantone mencionada en clase) y podemos operar científicamente con datos cromáticos codificados numéricamente. Un mismo color podría cambiar aquí con el tiempo, con el cambio de las circunstancias que lo rodeen, pero el color medido en un instante concreto seguiría siendo el mismo para todo observador, que de nuevo no entraría en su validación como color.
-3er grado: en este entra el sujeto observador, la anatomía macroscópica y microscópica del ojo y la conversión de las señales luminosas en impulso nervioso por medio de los conos y bastones. La señal nerviosa entra en la corteza visual del cerebro y allí se empezará a clasificar. En este momento, tenemos lo que llamamos SENSACIÓN, un estímulo codificado eléctricamente que entra en el registro cerebral, previo a la asignación de todo significado. En este tercer grado incluiríamos la definición del diccionario, intermedia en su grado de subjetividad, y aquí se abre un abanico de factores relativos a cada sujeto. Al cambiar el código de transmisión del color (de ondas de luz a señal nerviosa), interviene la imperfección del sistema codificador (el órgano visual) y lo que difiere de un individuo a otro, en cuanto al espectro que admite, la fineza con que las células visuales disciernen colores muy similares, la correcta recepción de las sinapsis neuronales, las influencias físicas que incidan en el sistema a cada momento, etc.
-4º grado: es el grado de la PERCEPCIÓN, que es según la Psicología la asociación de sensaciones y la integración de las mismas como un todo; y según la Neurología se puede simplificar como una reorganización de esos impulsos simples que llegaban de los ojos (que empiezan a reordenarse en el quiasma óptico) por la corteza cerebral, recibiendo y mandando información de neuronas de otros núcleos que le dan un sentido al color. Así "entendemos" lo que es el color, sin llegar todavía a "darle significado" o recodificar la señal nerviosa como ideas abstractas. Aquí un color es la imagen cerebral que nosotros recreamos, lo que vemos directamente, influido por el resto de colores que recibimos al mismo tiempo y por toda la infinidad que hemos visto previamente en nuestra vida. Continuamos añadiendo sistemas de transmisión absolutamente distintos de un sujeto a otro, continuamos añadiendo grados de subjetividad.
-5º grado: el color como algo interpretativo. Igual que las sensaciones se agrupan en percepciones, estas últimas se transforman e interrelacionan en forma de INTERPRETACIONES. Entramos en el desconocidísimo y peliagudo campo de la abstracción y el proceso del pensamiento. Tras haber interactuado atómicamente (1er grado), haberse reflejado y transmitido la señal lumínica (2º grado), haberla convertido el ojo en energía eléctrica transmisible por los nervios (3er grado; incluye además las codificaciones químicas que se producen en las vesículas sinápticas, en la transmisión de neurona en neurona), y tras haber pasado de una neurona a otra, uniéndose a nuevos impulsos y mezclándose en un intrincadísimo complejo neuronal (4º grado), la señal cromática aún sufre la última transformación de todas, la más peligrosa y la que está influida por más condicionantes subjetivos: se convierte en un concepto. Al color como concepto se le puede hacer cualquier cosa y una vez inmerso en el mar del pensamiento es impregnado por todos los millones de conceptos previos a él, que lo modifican a cada segundo que pasa. Solo por el hecho de quedarnos mirando un color un poco más, cambia nuestro concepto sobre él, porque nos da tiempo de analizarlo y relacionarlo con más cosas, aunque solo sea en el plano inconsciente. Este último grado, que hace que el color de un cuerpo pueda variar incluso simultáneamente dentro de un mismo sujeto, es el que yo escojo cuando hablo de un color; ya que al llegar hasta la última fase de transformación del hecho cromático, la abstracción, me parece una acepción más completa y más amplia. Postulemos que, en este quinto grado, el color es "el concepto abstracto que se genera a partir de las sensaciones luminosas originadas por la reflexión de los rayos de luz en los diferentes cuerpos", y que tiene tal nivel de variabilidad que se acerca a constituir un hecho aleatorio o azaroso.
Podríamos incluso atrevernos a ascender más niveles y entrar en consideraciones sociológicas o colectivas, pero tales acepciones no permitirían incluir los colores como colores cuando se trataran de un hecho individual, así que he preferido obviar esta parte, que merecería todo un artículo aparte.
Quiero ejemplificar el nivel de relatividad del color con el famoso caso que tuvo lugar en las redes sociales hace uno o dos años: el vestido azul y negro o blanco y dorado.
Para los pocos que no lo conozcáis: el enigma escondido tras esta imagen causó sensación durante semanas por todo el mundo, ya que la mitad de la gente veía este vestido de colores blanco y dorado, y la otra mitad lo veía azul y negro (cabe mencionar que yo era de la primera mitad y por más que lo he intentado no he logrado verlo como la segunda, aunque sí entenderlo teóricamente).
Se difundieron las especulaciones más absurdas y las soluciones más disparatadas sobre el peculiar fenómeno, por ejemplo que dependía de las células fotosensibles del ojo o que dependía de si uno tenía tendencia a la esquizofrenia al verlo de una de las dos maneras... Incluso se medía con tecnología de medición cromática y se afirmaba lapidariamente que el color del vestido era el que el colorímetro indicaba, como si en la foto no variara por completo de la realidad a causa del entorno y hasta el sensor de la cámara... Mi opinión es que diferimos en el concepto que cada cerebro se forja de la composición cromática de la foto. Unos cerebros interpretan que está al sol, y lo ven de colores oscuros "aclarados" o tamizados por la luz: azul y negro. Otros interpretan que está a la sombra y lo ven de colores claros "oscurecidos": blanco y dorado. Esta interpretación depende de nuestras tendencias perceptivas, es decir, de nuestra "manera de ver las cosas", conformada por todos y cada uno de los sucesos de nuestra experiencia vital: depende de nada en concreto (y menos las tendencias esquizoides) y de todo en general. Un ejemplo a mi criterio clarísimo del funcionamiento del color como fenómeno subjetivo.
Hemos visto en clase alguna cosa más, en relación con los criterios de uso del color o las posibilidades combinatorias de una paleta básica, que están perfectamente categorizadas y explicadas en el artículo de García Asensio que podemos encontrar en el blog nodriza.
http://revistas.ucm.es/index.php/ARIS/article/view/ARIS0000110091A/5922
Si sale a colación otro día, indagaré un poco acerca de la simbología del color, tema que me interesa muchísimo y sobre el que me queda mucho por andar aún.
Y por si la entrada de hoy no era suficientemente densa... ¡continuamos con otro apartado enterito!
1.- Nombre: Máscara

2.- Estudio analítico
María Jesús nos ha indicado que teníamos que utilizar los tonos rojos de nuestra paleta de acrílicos (cadmio, carmín y tierra de Sevilla, más el esmeralda para oscurecer y el blanco para aclarar) para reproducir lo más fielmente posible los rojos del anuncio de una página de la revista Harper's Bazaar. La pintura se había de aplicar directamente sobre la página, rojo sobre rojo, y en las partes no rojas se podía trabajar más libremente.
Académicamente este ejercicio me ha resultado de gran utilidad (aunque ha tenido fases bastante frustrantes) para aprender a oscurecer con el complementario y también para trabajar la composición de las sombras en un contraluz.
Aparte, me he tomado la licencia de intentar cambiar el significado del mensaje gráfico del anuncio, pintando el cuerpo de la mujer también de rojo, toda ella salvo la cara, que pasa a emular a una máscara que ella parece sujetar con su mano derecha.
3.- Estudio literario
Ella llevaba una máscara. Dentro era sangre y era pasión. Si se observaba bien, se podía descubrir en su mirada: la blancura casta de su piel impedía a los poco detallistas descubrir un interior de fuego, de pecado, de horrenda culpa manchada con siglos de sangre y miedo.
Es la abrumadora frialdad del comercial, la postiza mentira del mundo Profident, la ocultación de las pasiones bajo una máscara de falsísima belleza, de efímera belleza disfrazada de eternidad. Bajo el fin del lucro se subyuga el buen criterio estético, se muere la autovaloración y nace el engendro de la opinión de masas; ella es atractiva, ella es hermosa, porque responde a la máscara con la que cada día millones de chicas tratan de esconder los rasgos que las hacen especiales.
Ella llevaba una máscara, y era una persona cualquiera, igualita que las otras en su diario enmascararse, labios, pestañas, perfume; vestida de rojo añadía capas a su carcasa de imagen y exhibición. Ella lo sabía, pero nunca se dignaría a querer reconocerlo.
Fin del artículo, gracias por leer o echar un ojo, órgano fundamental de captación del color... Un saludo,
- Cuatro punto uno: LA SENTENCIA
"No hay que dejar que las buenas ideas se queden metidas en los cajones". Tengo como quinientos cajones llenos de ideas, entre los perceptibles y los figurados. Buenas seguramente no sean la mayoría, pero por estadística intuyo que tiene que haber alguna. Hasta ahora, personalmente no me he aplicado esta enseñanza. Este año he abierto los cajones... espero que el torrente de materia escondida no me ahogue, suerte que estoy en Bellas Artes, ese curso de Natación en el Océano de la Idea.
- Cuatro punto dos: CLASE del 22/09/2016- CARACTERÍSTICAS ESPECÍFICAS y COMBINATORIA DEL COLOR
En esta parte me dispongo a desarrollar una pequeña teoría sobre la definición de color. Espero que no quede excesivamente recargado de información y que mi intento por emplear una expresión mínimamente científica no lo convierta en un lío incomprensible de sintaxis imposibles:
Partamos de que la inestabilidad del color es un principio ampliamente reconocido. Hay demasiados factores influyentes en lo que resulta definirse como color ("Sensación producida por los rayos luminosos que impresionan los órganos visuales y que depende de la longitud de onda" según el DRAE). Según esta acepción, el color se queda en el nivel sensorial. No está mal interpretado, pero podemos considerarlo desde distintos puntos de vista según nos acerquemos o nos alejemos del color como un hecho subjetivo. Para explicar bien esta concepción voy a establecer cinco "grados de subjetividad":
-1er grado: es el de máxima objetividad, el plano de la realidad, en el que encontramos mayor dificultad para hallar diferencias en su interpretación de un sujeto a otro. Diríamos, en el caso del color, que se trata de las configuraciones atómicas o moleculares de los cuerpos, de la disposición de la materia, el comportamiento de los fotones... todo a escala microscópica y entendido desde un ideal físico; y todavía sin tener en cuenta al sujeto perceptor. Podemos afirmar que, idealmente, cada color sería el mismo para todos los seres en cualquier circunstancia, ya que no depende de ellos ni determinan de ningún modo su condición de color en este primer grado.
-2º grado: es el de la objetividad mesurable, el color se definiría simplemente como "conjunto de longitudes de onda que un cuerpo refleja cuando la luz incide en él". Aún no entra el observador, salvo porque nos encontramos ante una magnitud que podemos medir con un colorímetro (y registrarlo, por ejemplo en la tabla Pantone mencionada en clase) y podemos operar científicamente con datos cromáticos codificados numéricamente. Un mismo color podría cambiar aquí con el tiempo, con el cambio de las circunstancias que lo rodeen, pero el color medido en un instante concreto seguiría siendo el mismo para todo observador, que de nuevo no entraría en su validación como color.
-3er grado: en este entra el sujeto observador, la anatomía macroscópica y microscópica del ojo y la conversión de las señales luminosas en impulso nervioso por medio de los conos y bastones. La señal nerviosa entra en la corteza visual del cerebro y allí se empezará a clasificar. En este momento, tenemos lo que llamamos SENSACIÓN, un estímulo codificado eléctricamente que entra en el registro cerebral, previo a la asignación de todo significado. En este tercer grado incluiríamos la definición del diccionario, intermedia en su grado de subjetividad, y aquí se abre un abanico de factores relativos a cada sujeto. Al cambiar el código de transmisión del color (de ondas de luz a señal nerviosa), interviene la imperfección del sistema codificador (el órgano visual) y lo que difiere de un individuo a otro, en cuanto al espectro que admite, la fineza con que las células visuales disciernen colores muy similares, la correcta recepción de las sinapsis neuronales, las influencias físicas que incidan en el sistema a cada momento, etc.
-4º grado: es el grado de la PERCEPCIÓN, que es según la Psicología la asociación de sensaciones y la integración de las mismas como un todo; y según la Neurología se puede simplificar como una reorganización de esos impulsos simples que llegaban de los ojos (que empiezan a reordenarse en el quiasma óptico) por la corteza cerebral, recibiendo y mandando información de neuronas de otros núcleos que le dan un sentido al color. Así "entendemos" lo que es el color, sin llegar todavía a "darle significado" o recodificar la señal nerviosa como ideas abstractas. Aquí un color es la imagen cerebral que nosotros recreamos, lo que vemos directamente, influido por el resto de colores que recibimos al mismo tiempo y por toda la infinidad que hemos visto previamente en nuestra vida. Continuamos añadiendo sistemas de transmisión absolutamente distintos de un sujeto a otro, continuamos añadiendo grados de subjetividad.
-5º grado: el color como algo interpretativo. Igual que las sensaciones se agrupan en percepciones, estas últimas se transforman e interrelacionan en forma de INTERPRETACIONES. Entramos en el desconocidísimo y peliagudo campo de la abstracción y el proceso del pensamiento. Tras haber interactuado atómicamente (1er grado), haberse reflejado y transmitido la señal lumínica (2º grado), haberla convertido el ojo en energía eléctrica transmisible por los nervios (3er grado; incluye además las codificaciones químicas que se producen en las vesículas sinápticas, en la transmisión de neurona en neurona), y tras haber pasado de una neurona a otra, uniéndose a nuevos impulsos y mezclándose en un intrincadísimo complejo neuronal (4º grado), la señal cromática aún sufre la última transformación de todas, la más peligrosa y la que está influida por más condicionantes subjetivos: se convierte en un concepto. Al color como concepto se le puede hacer cualquier cosa y una vez inmerso en el mar del pensamiento es impregnado por todos los millones de conceptos previos a él, que lo modifican a cada segundo que pasa. Solo por el hecho de quedarnos mirando un color un poco más, cambia nuestro concepto sobre él, porque nos da tiempo de analizarlo y relacionarlo con más cosas, aunque solo sea en el plano inconsciente. Este último grado, que hace que el color de un cuerpo pueda variar incluso simultáneamente dentro de un mismo sujeto, es el que yo escojo cuando hablo de un color; ya que al llegar hasta la última fase de transformación del hecho cromático, la abstracción, me parece una acepción más completa y más amplia. Postulemos que, en este quinto grado, el color es "el concepto abstracto que se genera a partir de las sensaciones luminosas originadas por la reflexión de los rayos de luz en los diferentes cuerpos", y que tiene tal nivel de variabilidad que se acerca a constituir un hecho aleatorio o azaroso.
Podríamos incluso atrevernos a ascender más niveles y entrar en consideraciones sociológicas o colectivas, pero tales acepciones no permitirían incluir los colores como colores cuando se trataran de un hecho individual, así que he preferido obviar esta parte, que merecería todo un artículo aparte.
Quiero ejemplificar el nivel de relatividad del color con el famoso caso que tuvo lugar en las redes sociales hace uno o dos años: el vestido azul y negro o blanco y dorado.
Para los pocos que no lo conozcáis: el enigma escondido tras esta imagen causó sensación durante semanas por todo el mundo, ya que la mitad de la gente veía este vestido de colores blanco y dorado, y la otra mitad lo veía azul y negro (cabe mencionar que yo era de la primera mitad y por más que lo he intentado no he logrado verlo como la segunda, aunque sí entenderlo teóricamente).
Se difundieron las especulaciones más absurdas y las soluciones más disparatadas sobre el peculiar fenómeno, por ejemplo que dependía de las células fotosensibles del ojo o que dependía de si uno tenía tendencia a la esquizofrenia al verlo de una de las dos maneras... Incluso se medía con tecnología de medición cromática y se afirmaba lapidariamente que el color del vestido era el que el colorímetro indicaba, como si en la foto no variara por completo de la realidad a causa del entorno y hasta el sensor de la cámara... Mi opinión es que diferimos en el concepto que cada cerebro se forja de la composición cromática de la foto. Unos cerebros interpretan que está al sol, y lo ven de colores oscuros "aclarados" o tamizados por la luz: azul y negro. Otros interpretan que está a la sombra y lo ven de colores claros "oscurecidos": blanco y dorado. Esta interpretación depende de nuestras tendencias perceptivas, es decir, de nuestra "manera de ver las cosas", conformada por todos y cada uno de los sucesos de nuestra experiencia vital: depende de nada en concreto (y menos las tendencias esquizoides) y de todo en general. Un ejemplo a mi criterio clarísimo del funcionamiento del color como fenómeno subjetivo.
Hemos visto en clase alguna cosa más, en relación con los criterios de uso del color o las posibilidades combinatorias de una paleta básica, que están perfectamente categorizadas y explicadas en el artículo de García Asensio que podemos encontrar en el blog nodriza.
http://revistas.ucm.es/index.php/ARIS/article/view/ARIS0000110091A/5922
Si sale a colación otro día, indagaré un poco acerca de la simbología del color, tema que me interesa muchísimo y sobre el que me queda mucho por andar aún.
Y por si la entrada de hoy no era suficientemente densa... ¡continuamos con otro apartado enterito!
- Cuatro punto tres: TRABAJO- ESTUDIO DE LOS ROJOS SOBRE LA REVISTA HARPER'S BAZAAR
1.- Nombre: Máscara

2.- Estudio analítico
María Jesús nos ha indicado que teníamos que utilizar los tonos rojos de nuestra paleta de acrílicos (cadmio, carmín y tierra de Sevilla, más el esmeralda para oscurecer y el blanco para aclarar) para reproducir lo más fielmente posible los rojos del anuncio de una página de la revista Harper's Bazaar. La pintura se había de aplicar directamente sobre la página, rojo sobre rojo, y en las partes no rojas se podía trabajar más libremente.
Académicamente este ejercicio me ha resultado de gran utilidad (aunque ha tenido fases bastante frustrantes) para aprender a oscurecer con el complementario y también para trabajar la composición de las sombras en un contraluz.
Aparte, me he tomado la licencia de intentar cambiar el significado del mensaje gráfico del anuncio, pintando el cuerpo de la mujer también de rojo, toda ella salvo la cara, que pasa a emular a una máscara que ella parece sujetar con su mano derecha.
3.- Estudio literario
Ella llevaba una máscara. Dentro era sangre y era pasión. Si se observaba bien, se podía descubrir en su mirada: la blancura casta de su piel impedía a los poco detallistas descubrir un interior de fuego, de pecado, de horrenda culpa manchada con siglos de sangre y miedo.
Es la abrumadora frialdad del comercial, la postiza mentira del mundo Profident, la ocultación de las pasiones bajo una máscara de falsísima belleza, de efímera belleza disfrazada de eternidad. Bajo el fin del lucro se subyuga el buen criterio estético, se muere la autovaloración y nace el engendro de la opinión de masas; ella es atractiva, ella es hermosa, porque responde a la máscara con la que cada día millones de chicas tratan de esconder los rasgos que las hacen especiales.
Ella llevaba una máscara, y era una persona cualquiera, igualita que las otras en su diario enmascararse, labios, pestañas, perfume; vestida de rojo añadía capas a su carcasa de imagen y exhibición. Ella lo sabía, pero nunca se dignaría a querer reconocerlo.
Fin del artículo, gracias por leer o echar un ojo, órgano fundamental de captación del color... Un saludo,
Albereal

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